Fotos: Juan Carlos Reyes y Beatriz Alfaro| Ilustración: Dante de la Vega

Niñas dentro de un cuerpo adolescente

Tienen 8 años y ya iniciaron su periodo menstrual. Preocupadas por manchar su falda, se olvidan de sus muñecas. En México, hasta el 5% los niños pierden su infancia antes de tiempo
Abigail Gómez |El Universal
18 Julio, 2018 | 00:00 hrs.

A Lorena Sánchez su primer sangrado menstrual le llegó a los ocho años. “No puede ser, estás muy pequeña”, exclamó su mamá cuando ella le preguntó por qué tenía “eso” en sus pantaletas. La expresión de su mamá asustó a quien era entonces una niña. Tuvo miedo, no sabía qué ocurría, no quería sentirse diferente, quería seguir jugando.

Al igual que Lorena, entre el 2% y el 5% de los niños en México padecen pubertad precoz, un cuadro clínico que se caracteriza por la aparición de caracteres sexuales secundarios, como agrandamiento de senos en mujeres, y vello facial y crecimiento de la manzana de Adán en los varones.

Esta “pubertad adelantada” no sólo transforma la vida de los niños en cuestiones físicas, también los convierte en una presa fácil ante los rumores, burlas y demás señalamientos que los niños de su edad tienen ante alguien que comienza a ser, antes de tiempo, tan diferente a ellos.

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¿Qué está pasando?

La madre de Lorena supo, cuando su hija empezó a menstruar antes de los 10 años, que algo andaba mal. La niña estaba llena de miedo, pues el sangrado no sólo no paró, sino que se convirtió en una hemorragia vaginal.

Mientras su madre buscaba con desesperación un médico con quien llevarla, la niña se vio obligada a usar pañal.

La trasladaron a Urgencias, hicieron transfusiones de sangre y le realizaron diversos estudios para determinar la causa del descontrol hormonal. El diagnóstico: pubertad precoz. Le dijeron que podía ser un tumor en el cerebro pero las tomografías lo descartaron. Nunca encontraron la causa y el tratamiento fue a base de  inyecciones de hormonas durante un año, hasta que fuera un poco mayor para tener su periodo menstrual normal.

Actualmente, Lorena tiene 27 años, con el tratamiento hormonal logró alcanzar apenas el un metro 48 centímetros de estatura  y debe realizarse revisiones periódicas para monitorear que no se desarrollen quistes en sus ovarios. También sufre dolores de espalda por la talla grande de sus senos y vive menstruaciones muy dolorosas.

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Marcelino Hernández Valencia es ginecólogo especializado en el área endocrinológica e investigador de la Unidad de Investigación en Enfermedades Endocrinas del Centro Médico Siglo XXI. Ha dedicado parte de sus estudios a esta enfermedad y a atender los casos que llegan a sus manos.

Él define la pubertad precoz como una pubertad que inicia de forma temprana, antes de los ocho años en las niñas y antes de los 10 años en los niños. “Esta condición se presenta más en mujeres, pues afecta a tres niñas por cada niño. De acuerdo con estudios, en México se ha encontrado una prevalencia de entre un 2 y 5% de los menores”,  explica el ginecólogo.

Para las niñas, las manifestaciones que se generan son aumento de tejido mamario, oscurecimiento del pezón, aparición de vello púbico y posibles cambios de humor.

En el caso de los niños, si bien algunas manifestaciones son similares, tales como la aparición de vello púbico y el aumento de la masa muscular, otros signos como el agrandamiento testicular suelen ser menos notorios que el crecimiento de los senos, lo cual puede dificultar aún más el diagnóstico. Cambios en la voz, eyaculación precoz, sudor con olor fuerte pueden ser algunas de las manifestaciones.

Además, hay una primera señal que suele pasar inadvertida por los padres, e incluso es vista como algo bueno en un inicio. Los niños y niñas que sufren este desajuste hormonal “suelen presentar un crecimiento que va más allá de lo habitual, un 'estirón' que en inicio pareciera benéfico pero que en realidad se vuelve contraproducente, ya que después de éste, el crecimiento se detiene, ocasionado tallas bajas en estas personas cuando son adultas”, explica el especialista.

“Suelen presentar un crecimiento que va más allá de lo habitual, un 'estirón' que en inicio pareciera benéfico pero que en realidad se vuelve contraproducente", Marcelino Hernández Valencia, ginecólogo especializado en el área endocrinológica.

Diagnóstico oportuno

De haberse detectado a tiempo, quizás Lorena hubiera podido crecer un poco más y no vivir el susto de una hemorragia vaginal. En los primeros años de primaria medía 10 centímetros más que sus compañeras, todos solían augurarle lo alta que sería; esto ocurrió casi dos años antes de la llegada de su periodo.

“Los padres deben estar atentos a cualquier señal de un cambio inusual en su crecimiento”, asegura Hernández Valencia, quien atiende varios casos de pubertad precoz.

Una de sus pacientes, Valeria Estrada, llegó con él porque sufría fuertes dolores en los senos. Tras revisar su historial médico, le dio a ella y a su madre el diagnóstico de pubertad precoz. Entonces descubrieron que el dolor en los senos era un síntoma más de muchos otros que se habían manifestado desde hacía casi cinco años atrás.

Valeria tuvo su primera menstruación a los nueve años, se sintió triste y desconcertada. Cuando sus amigas le preguntaron si ya “le había bajado” les decía que no. “Me daba pena contarles”, dice la adolescente, quien ahora tiene 13 años.

“Teníamos familiares  a quienes les ‘había bajado’ a la misma edad y aunque no me gustó que pasara pensé que era natural”, dice su mamá. Pero los síntomas no pararon ahí y con el tiempo descubrirían que su menstruación a temprana edad no era tan normal como habían pensado.

“Teníamos familiares  a quienes les ‘había bajado’ a la misma edad y aunque no me gustó que pasara pensé que era natural”, madre de una niña con pubertad precoz.

Cuatro años después, Valeria comenzó a experimentar mareos intensos y pérdida de visión momentánea. Su mamá la llevó con el oftalmólogo pero no encontraron nada, no le enviaron medicamentos y sólo le recomendaron tomar mucha agua. Luego de eso, hace unos meses, apareció un fuerte dolor en sus pechos. Su madre decidió llevarla con un ginecólogo.

El médico de Valeria le dijo que estaba alta para su edad. “Los cambios hormonales activan el mecanismo de crecimiento de los huesos y estas niñas se ven mucho más altas que sus compañeros”, explica el ginecólogo.

Debido a esta situación los médicos suelen hacer radiografías para determinar la edad ósea (que suele ser mayor a la que corresponde a la edad del menor) así como ecografías de ovarios para comprobar su desarrollo, según señala el especialista en su investigación “Pubertad precoz”, publicada en la Revista Mexicana de Medicina de la Reproducción.

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¿Por qué a mí?

Ni Lorena ni Valeria saben a ciencia cierta por qué les ocurrió a ellas y es que, en general, buscar una causa puede ser una odisea.

Valencia Hernández explica que el tipo de dieta también puede influir en que la pubertad se adelante, sobre todo cuando se pasa de manera abrupta de una alimentación limitada a una alta en calorías. “Se han visto casos en niños que eran huérfanos, de casas cuna, que al llegar a sus nuevos hogares reciben una ingesta mayor de calorías. El aumento de peso repentino el cuerpo puede llegar a interpretarlo como que está listo para la reproducción y empieza a generar los cambios necesarios para esta etapa”, comenta.

Estudios e investigadores de todo el mundo también han señalado a la obesidad como un factor desencadenante. Sin embargo, Ana Claudia Latronico, investigadora brasileña que ha dirigido múltiples ensayos sobre el tema, realizó un estudio en 2013 con varias familias de Brasil que presentaban casos de pubertad precoz en distintos familiares y encontró que cinco familias tenían una mutación en el gen MKRN3, el cual contiene una proteína particularmente importante para las hormonas sexuales.

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La alteración del gen provoca que la proteína pierda la función inhibidora de la pubertad y entonces ésta comienza antes, de acuerdo con el estudio publicado en The New England Journal of Medicine. En otros países como Israel, Francia, Alemania, Argentina e Italia encontraron las mismas mutaciones en otras familias afectadas.

"Hoy se sabe que alrededor del 45% de las niños y niñas con pubertad precoz y con historia familiar tienen mutaciones en este gen, con lo que la genética se tornó un elemento importante en el diagnóstico y esclareció los casos que eran indeterminados luego de descartar causas anatómicas", señala el artículo.

"Alrededor del 45% de las niños y niñas con pubertad precoz y con historia familiar tienen mutaciones en este gen", señala un estudio sobre pubertad precoz.

“¿Son operadas?”

A pesar de haber vivido la pubertad precoz en dos sitios diferentes y en dos épocas distintas, tanto a Valeria como a Lorena les hicieron la misma pregunta: “¿son operadas?”. También padecieron los mismos  comentarios crueles, risas burlonas, miradas lascivas e insinuaciones de hombres mayores.

Priscila Huerta, psicóloga infantil, explica cuáles puede ser las consecuencias emocionales de ser una niña en un cuerpo de adolescente. “Pueden entrar en shock, ya que no logran identificarse con niñas de su edad pero tampoco con adolescentes; entre más chiquitas es mucho mayor ese impacto ya que no entienden qué ocurre con su cuerpo. Están incómodas, no se sienten a gusto y esto impacta directamente en su autoestima porque no sólo lo notan ellas sino que lo nota todo el mundo”.

Huerta también afirma que el peligro en las niñas, más allá de convertirse en un objeto de burla, es que jóvenes o adultos pueden buscarlas para tener contacto con su cuerpo, por lo que corren el riesgo de sufrir abuso sexual.

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“No puedo hacer muchas cosas, no puedo correr porque al rato me duelen [los senos], no puedo brincar. No puedo usar  la ropa que me gusta porque no me gusta cómo me veo ni cómo me ven en la calle, a veces quisiera poder quitarme un poco”, dice Valeria.

"No puedo brincar. No puedo usar  la ropa que me gusta porque no me gusta cómo me veo ni cómo me ven en la calle, a veces quisiera poder quitarme un poco”, Valeria Estrada, paciente con pubertad precoz.

Para los niños, al no tener cambios tan evidentes, llevar esta carga no suele ser tan duro. “En un inicio en los niños puede tener un impacto positivo ya que ‘crecen’ y se hacen masculinos antes que los demás. Aunque si se quedan por debajo de la estatura promedio también pueden ser molestados por sus compañeros”, señala la especialista.

“El papel de los padres es fundamental. Deben explicarle a los niños por qué ocurren estos cambios, convencerlos de que no es su culpa”, dice la psicóloga infantil.

Su tarea, quizás la más difícil, es hacer todo lo posible porque los niños sigan siendo y sintiéndose lo que son: niños.

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