Procusto se caracteriza por su comportamiento amable y cínico. (Foto: Archivo El Universal)

Síndrome de Procusto o por qué muchos desprecian a Yalitza Aparicio

Este síndrome puede ser la explicación de por qué muchos mexicanos menosprecian a la actriz
Redacción | El Universal
22 Febrero, 2019 | 17:17 hrs.

Yalitza Aparicio es la actriz del momento gracias a su película debut Roma, en la que interpreta a una empleada doméstica. Sin embargo, muchos de los que vieron la película no están de acuerdo con su nominación al Oscar a Mejor actriz, e incluso desprecian su imagen o trabajo actoral, algo que podría deberse al Síndrome de Procusto.

“Algunas personas, debido a su inseguridad o simplemente porque no tienen las habilidades necesarias, intentan eclipsar a quienes pueden superarlas. No aceptan que alguien brille más que ellos, piensan que le hacen sombra y tratan de apagar su luz. Estas personas no avanzan, pero ni siquiera permiten que otros sigan adelante.

Este fenómeno se ha denominado Síndrome de Procusto y se puede ver en todos los contextos, desde lo personal hasta lo profesional”, dice la psicóloga Jennifer Delgado en el artículo “Procrustes Syndrome, why we despise those who succeed”.

Aunque este síndrome no se encuentra como tal en ningún manual de diagnóstico, los psicólogos lo identifican como una conducta que posee una persona cuando sufre miedo de ser superado en diversos ámbitos de la vida, pero principalmente en el laboral o en aquél que implique una organización.

“Procusto se ha convertido en un sinónimo de uniformidad y su síndrome define la  intolerancia a la diferencia. En Medicina y otras ciencias, cuando alguien quiere que todo se ajuste a lo que dice o piensa, lo que quiere es que todos se acuesten en el “lecho de Procusto”, dice en su publicación Pablo Young, integrante del Servicio de Clínica Médica, Hospital Británico a la revista científica SciELO.

El nombre de Síndrome de Procusto proviene de la mitología griega. Procusto es hijo de Poseidón se caracterizó por su comportamiento amable, complaciente y afectuoso hacia los viajeros, a quienes les ofrecía hospedaje en su casa.

Una vez en ella, los invitaba a descansar en su lecho de hierro y, mientras dormían, los amordazaba y amarraba en las cuatro esquinas de la cama para verificar si se ajustaban a la misma.

Si el viajero era más grande que la cama, le cortaba las extremidades para ajustarlo al tamaño. Por el otro lado si era pequeño le estiraba las piernas a martillazos hasta quedar a la altura.

 

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