Las motivaciones o causas que impulsan a cometer un delito no son fáciles de conocer. (Foto: Especial).

¿Por qué un niño puede cometer un homicidio?

Cuando los modelos son inadecuados y el ambiente que los rodea desfavorable surgen fallas en el proceso de socialización
Rocío Mundo | El Universal
02 Abril, 2018 | 12:00 hrs.

Cristopher jamás imaginó que una invitación a jugar le costaría la vida, menos si venía de sus amigos y vecinos de la colonia. El juego, llevado a sus extremos, consistía en la simulación de un secuestro, en el que él era la víctima principal.

Los hechos ocurrieron en 2015, en la colonia Laderas de San Guillermo, estado de Chihuahua, cuando cinco menores, de entre 11 y 15 años, torturaron, privaron de la vida y escondieron el cuerpo de Cristopher Raymundo en un arroyo seco.

“El trabajo para dar con el paradero del niño llevó a los elementos investigadores con menores con quienes fue visto por última vez, mismo que cayeron en una serie de contradicciones”, explicó la Fiscalía Estatal.

Este caso es uno de tantos, en los que menores de edad se han visto involucrados. Sin embargo, las motivaciones o causas que impulsan a cometer un delito no son fáciles de conocer.

Por ello, Héctor Martínez Jasso, psicólogo jurídico y forense, señala la necesidad de realizar un análisis individual, investigar la historia de vida, el ambiente en que se ha desarrollado para diferenciar si el acto fue cometido por una persona psíquicamente normal.

Muchos niños que cometen actos criminales con frecuencia provienen de familias desestructuradas, en las que hubo experiencias difíciles durante los primeros años de vida y que de no intervenir a tiempo puede significar que tengan dificultades para sobreponerse”.

Los niños, sostiene Martínez Jasso, interactúan socialmente a partir de modelos familiares, con los cuales asimila normas, valores, límites y resolución de conflictos.

Así, cuando estos modelos son inadecuados y el ambiente que los rodea desfavorable surgen fallas en el proceso de socialización, que generan dificultades en sus relaciones interpersonales y problemas de personalidad.

“El niño es muy sensible a lo que observa en su entorno y lo imita o traduce en un juego”. Sin embargo, enfatiza, cada caso es particular, puesto que las motivaciones y objetivos específicos que llevan a cometer el acto son diferentes.

Estos pueden ser consecuencia de traumas severos, de la lucha con figuras que le propicien malestar, sentirse “desrealizado” y despersonalizado o simplemente por imitación. En todos los casos, afirma, existe una pérdida de la empatía en cuanto a la comprensión de los efectos de la conducta propia sobre los demás.

“Son escasos los estudios de actos criminales en la niñez, ya sea por no estigmatizar a los menores, porque se ha criticado al Derecho Penal por paternalista y proteccionista, y porque socialmente resulta impensable que un niño pueda cometer un acto tan terrible”.

Los casos, no obstante, se han incrementado. Las razones, asegura el psicólogo, son el déficit en el sistema educativo y familiar, y las fallas en el sistema judicial.

“El endurecimiento de las penas no puede ser parte de la solución. Más bien que el estado vele por obligar a los padres a ofrecer un buen trato durante la infancia, que el estado se obligue a ofrecer buenas condiciones de desarrollo para los infantes, es decir mejorar el entorno”.

La familia, añade, debe de dar una atención de mejor calidad y satisfacer no sólo sus necesidades económicas sino afectivas. Mientras que en el ámbito escolar, exhorta los valores tradicionales, en los que se enseñaban reglamentos implícitos a nivel social.

“Son eventos aislados que pueden corregirse si se cambian cosas aparentemente muy sencillas”.

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