Se debe aprender a comer por hambre fisiológica y no por creencias. (Foto: Especial)

¿Cómo saber si eres un "comedor" emocional?

La obesidad puede tener un origen emocional que no se está atendiendo.
Abigail Gómez |El Universal
16 Abril, 2018 | 11:00 hrs.

Seguramente has sentido antojo de algún dulce o postre de vez en cuando. Pero ¿te ha pasado que de pronto sientes un hambre incontrolable? Te decimos cómo distinguirla de un hambre emocional.

La obesidad es uno de los problemas de salud del país más importantes. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México ocupa el segundo lugar a nivel mundial en este padecimiento.

Existen varios factores que contribuyen a la existencia de este problema: el sedentarismo y los malos hábitos de alimentación son las principales causas pero también existe un aspecto emocional que casi no ha sido tratado por los especialistas y del que no se habla.

Sobre esto habla la psicoterapeuta Marisol Santillán, experta trastornos de alimentación y autora del libro Libérate del hambre emocional, en el cual explica que el comportamiento de comer compulsivamente puede tener una raíz emocional que sólo es posible atender desde la psicología y no por medio de dietas.

Marisol Santillán señala que la forma en la que comemos no sólo está determinada por el hambre fisiológica sino que también viene detrás todo los las ideas y creencias que se tienen de la comida”. Por esta razón, asegura que se debe entender lo que hay detrás de cómo se come.

“No se nos enseña que hay que comer por hambre de estómago. La forma en que comemos está determinada por nuestras costumbres. Comemos por qué no hay que ofender a la abuela, porque  hay algo que celebrar, por qué tus papás te recompensaba con dulces, por qué las películas dicen que se debe comer cuando estamos tristes”, comenta la psicoteraupeuta.  

Si has tratado de bajar de peso, de moderar la forma en la que comes pero siempre hay algo que te lo impide la especialista recomienda que se debe poner atención en cómo estás comiendo, qué estás comiendo y por qué te lo estás comiendo. “Cuando no hay bienestar en diversas áreas de nuestra vida los comedores emocionales llenamos esos vacíos con la comida pero al final ese hueco nunca se llena”, asegura.  

“El secreto está no etiquetar a la comida como buena o mala ni etiquetarnos a nosotros como gordos. La magia la hacemos nosotros reconociéndonos con necesidades, identificando qué emoción hay detrás de nuestro impulso por comer”, concluye.

 

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