Especial

¿Sabes qué es la obesidad emocional?

Los aspectos psicológicos pueden ser causantes de sobrepeso y obesidad
Araceli Calva | El Universal
21 Febrero, 2018 | 13:00 hrs.

En ocasiones, el sobrepeso no sólo es una situación de kilos de más en el cuerpo, sino que se trata de problemas emocionales que influyen en la obesidad. Por ende, una dieta no basta para remediar el problema: hay que centrarse en el aspecto psicológico.

No se trata solamente de lucir un cuerpo perfecto, sino de tener equilibrio en la vida y, para tener salud física, se necesita tener salud emocional.

Alejandro Coello Manuell, especialista en bariatría y medicina estética, aclara que la salud emocional tiene mucho que ver en el sobrepeso u obesidad.

“Cuando nosotros andamos con algún desorden, el que sea, no me refiero a una enfermedad en particular, o simplemente cuando sentimos ansiedad, ésta va a generar que secretemos ciertas enzimas u hormonas como cortisol, que es una hormona de estrés, la cual hace que no perdamos grasa. Al contrario, provoca que se acumule. A eso agregamos las calorías consumidas, pues al final de cuentas es una señalización propia del organismo para no perder esa reserva (calórica)”.

Coello Manuell asevera que, si una persona hace ejercicio y no ve resultados, se debe, principalmente, a que no está siguiendo un régimen alimenticio adecuado ni el ejercicio correspondiente, pues dentro de la condición ejercicio-salud, el 70% es nutrición y el 30% es ejercicio.

“Si me dedico a ir al gimnasio como loco, pero no llevo un control nutricional adecuado, no veré un resultado real de pérdida calórica; eso me causará estrés y provocará que acumule mayor cantidad de grasa”, explica.

Estrés, aliado de la obesidad

El especialista aclara que todo lo que cause alguna crisis va a hacer que la persona secrete cortisol y, aunque hay gente que pierde peso a causa del estrés, el común denominador es que lo gane. Además, intervienen otros factores como consumir alimentos cargados de calorías y comer a deshoras, lo cual ocasionará que el cuerpo necesite más hidratos de carbono.

Señala que “cuando tú tienes estrés, quieres algo que te dé energía de manera inmediata y el azúcar generará esa energía desde la boca, porque su enlace químico tiene que ver con enzimas que tenemos en la saliva y el hecho de que consumas azúcar, cualquier alimento o bebida que lo contenga, te dará esa vitalidad que no te brinda una ensalada, un bistec o alguna proteína. Por eso, el cuerpo pide comer carbohidratos en esa situación, sin olvidar el descontrol enzimático y hormonal que tenemos cuando llegamos a padecer este tipo de estrés”.

En otro de los casos, el experto indica que, si el paciente ya probó un sinfín de tratamientos y no tiene éxito con la pérdida de peso, es que puede padecer algún desorden emocional.

“No hablemos de alguna enfermedad psiquiátrica en particular, porque obviamente hay muchas enfermedades, trastornos de la alimentación mucho más específicos, pero puede tener algún problema psicológico y, en tal caso, debe tratarse también esa parte para que haya buenos resultados”, apunta.

Coello Manuell indica que, como especialista en bariatría, puede identificar el problema psicológico en un paciente; por ejemplo, alguien con alto grado de estrés o con ansiedad y está capacitado para ayudar al paciente en este tipo de situaciones, aunque si son casos más graves, trabaja de manera integral con otros especialistas.

Aspectos psicológicos

En el estudio “Aspectos psicológicos de la obesidad (Importancia de su identificación y abordaje dentro de un enfoque interdisciplinario)”, sus autores, Eliana Silvestri y Alberto Eduardo Stavile, señalan que, comúnmente, se relacionan algunos factores con la obesidad como la genética, el sedentarismo, el comer de manera excesiva y las disfunciones metabólicas, pero se han descuidado las cuestiones psicológicas y sociales.

En dicha investigación, los profesionales puntualizan que algunos de los puntos psicológicos y familiares que pueden originar la obesidad son:

Valor simbólico: algunos alimentos están relacionados a recuerdos, situaciones, personas y emociones; a veces, estas asociaciones son necesarias para la estabilidad psicológica de una persona.

Miedo a estar delgado: son aquellas personas que van de médico en médico buscando un nuevo tratamiento para bajar de peso y este objetivo se convierte en la única meta en su vida, por lo cual les resulta peligroso alcanzar el peso apropiado y/o mantenerse en él.

La obesidad como manera de evitar situaciones deseables: cuando los kilos de más sirven como excusa para no lograr aquello que se desea.

Desequilibrio entre satisfacciones e insatisfacciones: cuando las personas compensan alguna insatisfacción con el placer que genera comer.

La obesidad como forma de castigo: el autocastigo afecta con mayor frecuencia al sexo femenino y, en la inmensa mayoría de los casos, es inconsciente.

Comer como mecanismo evasivo: algunas personas ven la comida como un escape para no pensar en los problemas que tienen.

Necesidad de identificarse con un obeso: cuando una persona se identifica con otra debido a una fuerte vinculación afectiva (y tiene una gran necesidad de parecerse o diferenciarse), y esta última es obesa o tiene hábitos y actitudes que conducen al descuido y a la obesidad.

La obesidad como manera de destrucción de la figura femenina: son mujeres insatisfechas con su esencia femenina y se resisten a adoptar el papel de mujer que la sociedad les otorga.

Papel del cónyuge y de los padres en la obesidad: puede ser fundamental el rol que desempeñan otras personas, como la pareja o los padres, en la aparición y mantenimiento de la obesidad; entre parejas se puede potenciar la obesidad del otro por miedo al abandono o superioridad intelectual o académica. En el caso de los padres, puede darse por miedo del padre o la madre de que su hija o hijo se relacione más y pueda encontrar pareja.

La obesidad y la ciencia, ¿qué nos hace comer de más?

Por otra parte, Ranier Gutiérrez Mendoza, investigador del Departamento de Farmacología del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), del Instituto Politécnico Nacional (IPN), indica que los circuitos neuronales de los seres humanos se activan a través de diversos estímulos visuales, olfativos y gustativos, y son los que impulsan a consumir alimentos ricos en azúcar.

Actualmente, Gutiérrez Mendoza trabaja en una investigación sobre estos circuitos neuronales (que regulan el consumo excesivo de alimentos altamente atractivos para los seres humanos), desde los procesos de percepción del sabor dulce hasta el control neuronal del apetito, destaca un comunicado de Medix.

De esta manera, la parte científica trata de comprender cómo los supresores del apetito actúan sobre las neuronas del núcleo accumbens y si es que lo hacen de manera selectiva o no, para que, en un futuro, se puedan desarrollar fármacos más potentes y selectivos que ayuden a combatir la obesidad.

“Por ejemplo, si tenemos un supresor que afecta a diversos circuitos neuronales involucrados no solo en la alimentación, sino también en funciones motoras o del sueño; la idea es que en un futuro se podrían diseñar nuevos tratamientos que sólo afecten a las neuronas relacionadas a la alimentación”, aclara.

Agrega que “la obesidad es una enfermedad que tiene muchos circuitos neuronales redundantes compensatorios, cuando descubrimos un mecanismo, aparece otro que genera una respuesta contraria y que puede anular el primer efecto. El organismo desarrolla tolerancia y dejamos de perder peso”.

Destaca que el objetivo es entender cómo dichos circuitos neuronales se comunican entre sí y transfieren información gustativa y de recompensa; cuando se logre, se podrán conocer las causas biológicas que predisponen a algunos individuos, en un ambiente obesogénico, a desarrollar obesidad.

En este sentido, hace tres años se publicó en el Journal of Neurophysiology un estudio con los medicamentos anfepramona y fentermina, realizado conjuntamente con Medix, empresa farmacéutica mexicana que impulsa la investigación para combatir sobrepeso y obesidad.

Ese análisis arrojó que dichos medicamentos modulan la actividad del centro de recompensa del cerebro: “es decir, el núcleo accumbens, en el que sus mecanismos de acción generan locomoción y suprimen el apetito a través de la liberación de dopamina y la inhibición de la actividad neuronal de esta región del cerebro”, aclara Gutiérrez Mendoza.

También se realizan estudios con otro tipo de supresores del apetito a través del uso de microendoscopios de epifluorescencia, con lo cual se sabrá si la fentermina y los fármacos precursores de la serotonina actúan de manera sinérgica en los mismos circuitos neuronales implicados en esta enfermedad que, a veces, no basta combatir con dietas, ejercicio ni fajas.

Crisis mundial

La obesidad en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud:

  • Desde 1975, la obesidad casi se ha triplicado en todo el mundo.

  • En 2016, más de mil 900 millones de adultos de 18 o más años de edad tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos.

  • Es decir, hace dos años, el 39% de las personas adultas de 18 o más años tenían sobrepeso.

  • En 2016, había más de 340 millones de niños y adolescentes (de cinco a 19 años de edad) con sobrepeso u obesidad.

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