Especial

¿Por qué saltamos cuando festejamos un gol?

En las manifestaciones de alegría y felicidad participan distintas estructuras cerebrales
Redacción | GDA
19 Enero, 2018 | 19:29 hrs.

¿Dónde se ubica la alegría y la felicidad en el cuerpo? El neurólogo Gustavo Castro dice que este es un proceso complejo pero muy organizado que ha resultado de miles de años de evolución del hombre y que no se encuentra localizado en un sólo lugar, sino que en las manifestaciones de alegría y felicidad participan distintas estructuras cerebrales y muchas sustancias llamadas neurotransmisores, que terminan por impactar en todo el organismo.

Hace algún tiempo, señala Castro, la corteza prefrontal se asoció con las emociones alegres y con lo que llamamos felicidad. Sin embargo, poco a poco se fue descubriendo que en ellas también participa el hipocampo, que le recuerda al cerebro qué cosas son gratas y merecedoras de exaltación.

La corteza cerebral occipital encargada de la visión juega un papel muy importante, “porque desde que las imágenes estimulantes –como la del zapatazo de Rojas– empiezan a llegar allí, estas neuronas se encargan de dotarlas de una interpretación tan positiva que rápidamente se envían al área de las emociones, para que inicien la fiesta en el cerebro”.

En el caso de la felicidad que produce un gol el psiquiatra Rodrigo Córdoba dice que, para que la dicha sea expresada, necesita de un estímulo positivo como el del gol; pero también puede darse todas las veces que se recuerde dicho momento. Claro, no tan efusivamente y con tanto brinco como la primera vez, pero siempre será una fuente de alegría, añade Córdoba.

Por su lado, la psicóloga Sandra Herrera insiste en que si bien las conexiones entre la corteza prefrontal, la amígdala y el hipocampo, la región occipital y las áreas sensitivas y motoras tienen que estar lo suficientemente aceitadas y funcionales, la presencia de neurotransmisores (moléculas que llevan información entre dos neuronas como un mensaje rápido) es necesaria para que se manifieste la dicha.

Una sustancia muy importante en las reacciones cerebrales es la dopamina, que desde siempre ha estado asociada con todos los mensajes de placer entre las neuronas. Son momentos, insiste el neurólogo Castro, donde el júbilo, la emoción y la alegría por lo general son manifestaciones cerebrales momentáneas que tienden a calmarse después de pasado el estímulo.

Pero cuando se mantienen por mucho tiempo configuran los llamados estados de ánimo, que es necesario modular, para que no resulten incómodos.

En lo que se refiere a la exaltación ante el resultado de un partido, un equipo de la Universidad de Kioto, liderado por Wataru Sato, encontró que estas emociones y satisfacciones también cruzan por un área del cerebro llamada precuneus –ubicada en el lóbulo parietal hacia el centro del cerebro– que se activa cuando un estímulo logra que la persona sea consciente de que se está feliz.

Hasta aquí se entiende que por la acción de estas zonas la gente pueda experimentar alegría, pero eso no es suficiente para justificar por qué los hinchas se mueven agitadamente para celebrar un gol.

Para explicar esto, la investigación del Instituto Douglas de Montreal, publicada en la revista Nature en su sección  Molecular Psiquiatry, encontró que el núcleo caudado (una pequeña zona en el centro del cerebro) juega un papel de primer orden en la iniciación de los movimientos voluntarios y el manoteo, cuando recibe información de que se han activado las zonas de recompensa.

Cuando la dopamina llega a las zonas que producen la felicidad, el núcleo caudado se encarga de ordenarles a las áreas que mueven el cuerpo en la parte anterior de la corteza cerebral, para que empiecen a hacerlo. Aquí Castro señala que los movimientos son agitados, como producto del estímulo que reciben las neuronas que mueven el cuerpo. Y si bien son agitados, el individuo los puede controlar. “Lo que ocurre es que son muy espontáneos”.

“El núcleo accumbens consigue lo que podría llamarse el combustible para que las sensaciones placenteras, recibidas a través de la corteza cerebral, hace que se inunden las zonas del cerebro de dopamina, provocando que se manifiesten de manera automática, en los escasos ocho segundos que dura la molécula actuando, los saltos espontáneos, un manoteo, en un grito, en un abrazo, o incluso en la pronunciación de una mala palabra”, afirma Castro.

De acuerdo con la psicóloga Herrera, que estas áreas forman el sistema de recompensa, que en conjunto logran que la persona se sienta muy bien y de ahí que la dopamina sea considerada la hormona de los sentimientos, la solidaridad y el compañerismo. “Por eso en los momentos de euforia, la gente se siente más amiga del que tiene cerca, al punto que los abrazos son generales e indiscriminados”, remata Herrera.

Según Gustavo Castro, ante la dopamina, las neuronas cambian sus patrones de frecuencia eléctrica que el cerebro interpreta como conductas positivas. En otras palabras, la dopamina inhibe algunas neuronas y sobreactiva otros sitios.

En un partido de futbol la dopamina cumple una función dual, Castro señala que este neurotransmisor por un lado activa regiones del sistema límbico, la amígdala cerebral y el hipocampo, lo que genera una emoción sublime, eufórica e irreflexiva, pero a la vez inhibe a la corteza prefrontal, con lo que el cerebro se queda sin frenos, se hace ilógico, impulsivo y ve como normal que la gente se agite y brinque desesperadamente, mientras grita “goooool”.

Lo anterior explica el por qué los fanáticos del futbol actuan como si estuvieran bajo el efecto de una poderosa droga, que es natural y lícita, la dopamina.

 

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