La falta de dinero es considerado el principal obstáculo para que las personas se alimenten saludablemente. (Foto: Especial)

Inseguridad alimentaria afecta a un cuarto de quienes viven en la CDMX

Escasez de dinero y aumento de precios de los productos frescos son algunos de los factores que intervienen en la inseguridad alimentaria
Redacción | El Universal
05 Junio, 2019 | 17:58 hrs.

Escasez de dinero, aumento de precios de los productos frescos, distribución a gran escala de alimentos procesados y falta de tiempo para preparar la comida, son algunos de los factores que intervienen en la inseguridad alimentaria, condición que afecta a cerca de una cuarta de la población de la CDMX.

Así lo aseguró la subsecretaria de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad, de la UNAM, Ayari Pasquier Merino, quien agregó que históricamente esta condición se ha asociado con zonas rurales y de extrema pobreza pero que el sistema alimentario contemporáneo ha vulnerado incluso a los contextos urbanos.

Para entender la situación de las familias que viven con carencia alimentaria, la antropóloga hizo un estudio de campo y entrevistó a madres de familia para conocer los factores que enmarcan sus decisiones en este rubro: el tipo de comida que integra su dieta cotidiana, dónde y cómo se abastecen.

Según este estudio, la falta de dinero es considerado el principal obstáculo para que se alimenten saludablemente debido a que su gasto semanal per cápita es de 85 a 385 pesos. A esto se suma la distribución a gran escala de alimentos procesados y el aumentos de precios de los productos frescos.

También intervienen la falta de tiempo para prepara la comida debido a largas jornadas de trabajo, la escasa viabilidad económica de los pequeños productores y la ausencia de políticas que aseguren el acceso a alimentos de calidad para toda la población.

En relación a la dieta, Pasquier Merino indicó que en los sectores pobres posiblemente ésta se ha diversificado pero ha perdido su calidad nutricional. Constató un bajo consumo de frutas, leguminosas y carnes procesadas.

Ante la carencia económica, la gente sustituye ciertos alimentos por productos similares de menor costo y calidad, disminuye su consumo o definitivamente los elimina del menú. Por ejemplo, la inclusión cotidiana de productos industrializados se ha convertido en una opción barata.

“Esta situación podría explicar, en parte, la mayor incidencia de obesidad y enfermedades crónicas no transmisibles en sectores pobres”, remarcó la especialista.

Además, debido al acelerado estilo de vida de la ciudad rara vez se come de manera colectiva, y muchas veces ni siquiera los integrantes de una familia comen lo mismo.

“También se observó que cuando alguien tiene prescripción médica se le ofrece alimento extra a escondidas, pues no alcanza para todos”.

Los platillos que las familias encuestadas consumen con mayor frecuencia son arroz con huevo estrellado, chicharrón en salsa, caldo de pollo con verdura y arroz, carne de puerco en salsa verde con frijoles, caldo de verduras, huevo revuelto con jitomate o en sala, atún a la mexicana y albóndigas de soya con frijoles.

Al final del día: enfrijoladas, leche con pan dulce, café con bolillo, cereal con leche o leche con galletas.

La precariedad económica y laboral compromete el derecho a la alimentación de un número importante de familias en el país, concluyó.

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