Especial

¿Cómo amenaza la diabetes a tus riñones?

Los malos hábitos y hasta el hecho de ser mexicanos ponen en el radar de las enfermedades renales crónicas a todos los diabéticos de nuestro país
Jimena González Bernal | El Universal
13 Noviembre, 2017 | 19:42 hrs.

El 50% de los pacientes que se encuentran actualmente en diálisis es debido a que sufren una enfermedad renal crónica ocasionada, a su vez, por la diabetes mellitus, situación que expone en entrevista el doctor Ernesto López Almaraz, quien es presidente del Consejo Médico de la Asociación ALE (misma que fomenta la cultura de la donación de órganos).

Asimismo, el médico nos revela otro dato importante para compartir contigo: no todas las personas con glucosa descontrolada desarrollan afectaciones en dicho órgano. Se estima que entre un 18 y un 30% de la gente que padece esta pandemia nacional es la que presenta problemas a nivel de riñón.

“La realidad es que hoy sabemos que las complicaciones renales por diabetes tienen un componente multifactorial, siendo de los principales, y como número uno, la glucosa. Sin embargo, también está relacionado con la presión arterial.

“Otro factor es la susceptibilidad genética. La enfermedad renal por diabetes puede ser hereditaria; no obstante, por el simple hecho de ser mexicanos, tenemos más riesgo de desarrollar un padecimiento renal crónico por diabetes mellitus.

Esto se debe a que se han identificado varios genes que incrementan nuestra susceptibilidad a este problema de salud y, si además agregamos sobrepeso, obesidad, una mala dieta y un mal tratamiento, generamos la tormenta perfecta para que haya complicaciones”, detalla el doctor López Almaraz.

¿Cómo sufre el riñón?

De acuerdo con el especialista, la glucosa persistentemente alta va a generar ciertos productos tóxicos para el órgano, lo cual ocasionará un proceso muy lento de inflamación y cicatrización dentro del riñón. Con los años, presenta un progreso que da como resultado menos tejido renal para llevar a cabo sus funciones.

“Desde el punto de vista clínico, ¿cómo se traduce esto? Antes de que exista cualquier otra alteración, el proceso es que el riñón empieza a perder proteínas en escasa cantidad de manera inicial. Conforme va pasando el tiempo, ésta va incrementando hasta llegar a varios gramos, así que lo normal es no encontrar proteínas en la orina”, explica.

Aquí no termina todo, la capacidad del riñón para eliminar toxinas llega a etapas por debajo del 30 y 10% de su funcionamiento. En el primer porcentaje, se pueden presentar pies hinchados, falta de apetito y náuseas; pero, al alcanzar el segundo, se requiere de un tratamiento avanzado que se conoce como Terapia Sustitutiva de la Función Renal, misma que incluye diálisis peritoneal, hemodiálisis o, incluso, trasplante.

“Entre más temprano se identifique el mal, se pueden hacer intervenciones en el tratamiento para disminuir la cantidad de proteínas que se pierden en la orina y, así, frenar o disminuir la velocidad del deterioro en el funcionamiento de los riñones”, agrega el doctor.

El milagro es posible

Contrario a lo que se podría creer, el padecer una enfermedad renal crónica por diabetes mellitus no es una contraindicación para un trasplante, aunque se requiere una evaluación adicional, porque se complican los vasos sanguíneos y el corazón. Entonces, un paciente diabético de larga evolución requiere una valoración cardiovascular completa, además de una multidisciplinaria para asegurar que el riesgo de la cirugía sea menor.

“Es necesario un nefrólogo, un cardiólogo y un infectólogo; además es importante que no haya caries. Debemos resolver varios problemas adicionales para realizar el trasplante, porque después de éste se usan medicamentos que evitan el rechazo del nuevo órgano (inmunosupresores) y que tienen otros efectos que también deben tenerse en mente”, señala.

Una vez que pasa la cirugía, ¿qué sigue? El doctor advierte que primero hay que cuidar estrictamente la glucosa, pues el riñón nuevo puede sufrir complicaciones en los siguientes cinco o 15 años. Si un paciente a la edad de 65 recae, difícilmente será candidato a un trasplante; en cambio, en una persona de entre 40 o 45 años que, al llegar a los 50 o 60 seguramente necesitará un segundo, le basta con llevar un estilo de vida sano para prevenirlo. 

Nota informativa del suplmento Chécate de El Universal.
 

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