Así es el Síndrome de piernas inquietas

Los síntomas se disparan al acostarse e intentar relajarse, lo que origina problemas para conciliar y mantener el sueño
Redacción | El Universal
24 Octubre, 2017 | 10:00 hrs.

Sentir hormigueo, desesperación y cosquilleo en las piernas al acostarse, y que esta sensación impida dormir, son síntomas de un trastorno del sueño denominado síndrome de piernas inquietas (SPI) que, de no ser tratado oportunamente, puede impactar en la calidad de vida de quien lo padece.

Así lo señaló Ulises Jiménez Correa, responsable de la Clínica de Trastornos del Sueño (CTS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien explicó que el SPI se caracteriza por sensaciones de hormigueo y quemazón en las piernas, acompañadas por el impulso de moverlas para tener un poco de alivio y descansar.

Los síntomas se disparan al acostarse e intentar relajarse, lo que origina problemas para conciliar y mantener el sueño, precisó en un comunicado la UNAM.

El especialista aseguró que es normal movernos aproximadamente cada hora mientras dormimos, pues no es posible permanecer en la misma posición durante ocho horas continuas. Lo que no es adecuado es que se presente la sintomatología referida, que generalmente está vinculada con el insomnio.

Aunque en México no existe una cifra de prevalencia del SPI, en diferentes países se han reportado datos que van desde 1.9 hasta 15%. En la CTS entre ocho y 10% de los pacientes que se hacen un estudio de sueño tienen este diagnóstico, señaló.

“Cuando llegan con nosotros dicen tener molestias en las piernas, tan irritantes que no pueden dormir. A esa dificultad se le denomina insomnio de inicio, y también se puede presentar en las madrugadas, porque la persona mueve las piernas, al hacerlo se despierta y tiene dificultades para volver a conciliar el sueño”, subrayó.

El síndrome se acompaña de nerviosismo y ansiedad, asociados al hecho de ir a acostarse.

Se han descrito varias causas del SPI, que es más común en adultos mayores: lesión en la médula espinal, anemia, disfunción renal o alguna enfermedad neurológica como el mal de Parkinson. También se puede presentar en pacientes diabéticos que tienen neuropatía periférica.

Jiménez Correa expusó que hay dos métodos para detectarlo, el clínico, que implica insomnio de inicio, nerviosismo, intranquilidad y molestias en las piernas al acostarse y durante la madrugada. Y mediante estudios polisomnográficos, con los que se puede documentar el incremento del tiempo que transcurre para empezar a dormir.

Existen diversos tratamientos, como medicamentos útiles para mejorar la producción de dopamina, además de ejercicios y estiramientos antes de acostarse, concluyó.

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